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Deportes y Comunicación | May 23, 2018

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Armagedón verdeamarelo (Acto 3) + asado argentino extended version

Armagedón verdeamarelo (Acto 3) + asado argentino extended version
ivanferrer

Este fin de semana se jugaron el mejor y el peor partido posible que te pueden tocar, jugando en la élite del fútbol. Uno lleno de ilusión, esperanza, energía, determinación, emoción, tensión, ganas… Es el sueño de todo niño que pasa las noches en vela pensando que puede llegar a futbolista profesional. Es la final de la Copa del Mundo, la final con todas las letras. Un partido que millones de personas ven cada 4 años pero que muy pocos llegan a jugarlo.

El otro es lo más parecido a un solteros contra casados de alto estanding. El estadio es increíble, con unas gradas llenas y ábritros de lujo. Hay un montón de cámaras y los equipajes, balones y jugadores son de primera. Pero jugar la final de consolación, la de los perdedores de las semifinales, es un auténtico suplicio. Y después de los siete de Alemania, otra derrota en la que cayeron tres más, ésta vez gracias a Holanda. 10 goles en dos partidos le han caído a Brasil. Así se ha materializado y cerrado el armagedón verdeamarelo en que se ha convertido este mundial para los cariocas…

A ellos, aunque de otra manera, se han unido en llanto los argentinos, tras perder la final contra Alemania en la prórroga, por 1-0. Cuando se acerca el final del partido, las cámaras se fijan en las gradas, en cómo se les indigesta la derrota a algunos aficionados . El icono del mundial ha sido un niño brasileño, que lloraba desesperadamente la derrota frente a Alemania. Se apretaba los ojos intentando parar el torrente de lágrimas y apretaba con fuerza el vaso de Coca-Cola contra la boca acallando su llanto.

Me recuerda este episodio la única vez que he llorado desconsoladamente porqué mi equipo perdió. Fue una de las múltiples ocasiones en las que la Jugoplastika aplastó las esperanzas del Barcelona en la Copa de Europa de Baloncesto. Fue una frustración, y cuando acabó el partido las lágrimas pudieron conmigo. Cote, un amigo malagueño que estaba en casa, me intentó consolar con unas palmadas en la espalda, pero yo creo que no entendía demasiado tanta emoción para un partido que yo no jugaba y que estaba viendo por la tele.

¿Realmente vale tanto el deporte para que le demos el alma como espectadores y aficionados? ¿Tiene sentido llorar porqué tu equipo ha perdido una copa o ha bajado de categoría? ¿Te cambia el humor cuando tu club no gana? ¿O te lo tomas con filosofía y sigues a lo tuyo?

photo credit: Dithedy via photopin cc

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