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Deportes y Comunicación | August 16, 2018

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¿La tradición justifica el aburrimiento?

¿La tradición justifica el aburrimiento?
ivanferrer

El circo de la F1 ha vuelto a pasar por el Principado de Mónaco. Se trata de uno de los Grandes Premios más antiguos y prestigiosos. En él se dan cita estampas tradicionales; como la curva más lenta de todo el circuito -en el que los monoplazas parecen que estén Paseando a Miss Daisy– o el túnel claustrofóbico por debajo del hotel Loews. Glamour, yates, lujo… y tostón a raudales.

A veces las tradiciones son así: cada Nochebuena te toca la tía plasta al lado, esa tía eterna que aguanta como un roble año, tras año. Esa tía que parece que duerme en formol y que no pierde la mala leche. Que engulle las gambas como si fuera la Última Cena. Que te mira de arriba abajo para soltarte con sorna: “El año pasado estabas bastante más delgado. Además haces mala cara”. Pero aunque es insoportable, le llegas incluso a tener cariño y aceptas que es un elemento más de la tradición navideña. Pero a la vez es un sopor, te duerme…

Como las soporíferas 78 vueltas del Gran Premio de Mónaco de 2014. Muy aburrido. A nivel estético es un circuito urbano bonito, de gran belleza plástica, pero es un trazado antiadelantaminetos, en el que la Pole marca sentencia y no da mucho lugar a la sorpresa. Y entonces empiezo a dar vueltas en círculos y llego siempre a la misma pregunta: ¿vale la pena todo el ruido para tan pocas nueces? Grandes intereses económicos van asociados a cada carrera, pero…

¿Cambiarías algo para hacer las tradiciones más atractivas? ¿O te limitas a soportarlo como a la tía plasta en Nochebuena?

photo credit: id-iom via photopin cc

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