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Deportes y Comunicación | May 23, 2018

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Mi secreto psicológico

Mi secreto psicológico
ivanferrer

En las entrevistas siempre hay preguntas recurrentes, muletillas que sirven para que, en el momento en el que se encamina peligrosamente el diálogo hacia al abismo del silencio, haya una rama a la que agarrarse de forma contundente y segura. Y ahí entra en juego la pregunta “¿Cuál es tu secreto para…?”. Lo que me sorprende más es que casi una mitad de los encuestados dice que no tiene secreto y casi la otra divaga para no decírtelo. En esta última categoría estuvo un runner que se había unido a la corriente de correr descalzo. Cuando llegó la cuestión de cuál era el secreto para empezar a correr descalzo, yo esperaba algo concreto, con sensaciones personales que había tenido y algún truco que a él le sirvió. Contestó con un escueto “poco a poco y progresivamente”.

Yo esta semana os quiero hablar de tres “secretos” que tengo para encarar con garantías una carrera de fondo, ya sea de montaña o de asfalto. A mí me funcionan, espero que te puedan servir de algo a ti también… Uno es psicológico, el segundo es logístico y el último es de método.

En las pruebas de fondo el físico es importantísimo, aunque la mente te ayudará -de forma determinante- a proyectarte hacia adelante ante dificultades e imprevistos. Y la mente se entrena en cada entrenamiento, en todas y cada una de las jornadas de preparación.

El domingo tenía entrenamiento de 20 km. Con el calor que hace ahora puse la alarma a las 6 para volver a casa y desayunar todos juntos. El sábado estuvimos los 4 en la Isla Fantasia. Acabamos literalmente fundidos de tanto tobogán (subir andando, bajar como los Goonies y vuelta a empezar otra vez; desde las 10 a las 18 el día se hace muuuuuuuuuy largo). Me dolía toda la espalda -nada costumbrada a tanto bote- y la combinación de agua y sol me dejó muy cansado. Oriol fue el primero en caer, a las 7 de la tarde, nada más subir al coche para volver a casa. Yo estaba en estado semicomatoso en el sofá, a las 10 de la noche, pensando que en poco tiempo iba a tocar diana…

Horas más tarde, Oriol apareció por la cama, se puso a mi lado y me pidió que le pusiera mi brazo debajo del cuello para hacerle las veces de almohada. Me fundí con él, dispuesto a provechar al máximo la hora que me quedaba hasta que sonara la alarma. Me desperté a las 5:50 y me dispuse a apagar el despertador para no romper el sueño al resto… Me incorporé y noté la mano de Oriol cómo cogía la mía, suave y firme a la vez. Le pregunté: “¿A dónde vas Oriol?”. Y me contestó: “A dónde tu vayas, papi”. Vaya momentazo más emotivo con mi niño en medio de la oscuridad… Le dije que volviera a la cama, que me iba a correr y que aún era muy pronto.

Fue realmente duro salir a entrenar. Era muy sabroso el caramelito de poderme quedar durmiendo abrazado a mi hijo, tras una jornada previa que me había dejado físicamente hecho polvo. Pero a las 6:15 ya estaba en la puerta de la calle camino de Collserola…

¿Tienes fuerza de voluntad a prueba de bombas? ¿O cualquier excusa es buena para quedarte en la cama?

photo credit: Le Zenits Think via photopin (license)

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