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Deportes y Comunicación | July 16, 2018

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1 Comentario

Se cerró una puerta…

Se cerró una puerta…
ivanferrer

En la vida estamos constantemente abriendo y cerrando puertas. Nos guste o no, todo llega a su fin. En este especial y extraño momento, en el que firmas el game over definitivo, siempre me queda un poso de pena por acabar y no volver nunca más. Durante dos años he disfrutado intensamente con el equipo de mi hija mayor. Ayer nos reunimos y lo celebramos de forma muy emotiva y especial, como realmente merecíamos todos. Yo lo condensé con un cuento:

La leyenda de las pequeñas warriors

La leyenda cuenta que un feroz dragón azul, recorrió todos y cada uno de los rincones del Reino de Aliup, arrasando las pistas de baloncesto, los pabellones; incluso todas y cada una de las canastas que las niñas tenías colgadas en las fachadas de piedra de sus casas. Así acabó un plan oscuro que hacía meses urdía el terrible mago Zonamixta, que fue reclutando a las niñas que medían más de metro y medio, para jugar un torneo eterno en la flamante pista central del Castillo Manutebol. Se acabó el baloncesto para las niñas bajas; ya no tenían derecho a jugar. Punto y final.

Una mañana de perros, oscura, fría y lluviosa, Olivia, Mar, Blanca, Alba, María, Beth, Anna, María del Mar y Janet recibieron en sueños un extraño mensaje. Tenían que reunirse, la tarde siguiente, en el descampado de Spalding, a las afueras del pueblo. Fueron llegando poco a poco, sin saber qué hacer ni qué decir. Estaban las 9, en silencio, desconcertadas… hasta que llegó Aurora, sudando, con su cálida voz entrecortada. Cómo no; las puso a todas en círculo y les explicó su plan: “Chicas, se han llevado todos los balones al Castillo Manutebol, dónde solo puede jugar las niñas altas. Es una injusticia que las bajitas del reino no puedan pasárselo bien practicando el deporte que más les gusta. No sé si lo conseguiremos, pero hay que ponerse a ello con todas nuestras fuerzas. Necesito un ejército de 9 valientes para que me acompañen. Si alguien no quiere venir lo entenderé”. Antes de que acabara su discurso ya las tenía a todas dispuestas en fila KO, preparadas para liberar todos los balones. Total, con una cesta agujereada y colgada de un árbol ya podían tener una canasta, pero un balón bueno de baloncesto era insustituible…

Durante los 3 días que duró el largo viaje hasta el castillo tenebroso, urdieron un plan, arriesgado pero infalible según ellas. También se hartaron de reír con las ocurrencias de Janet y las payasadas de María y se dieron largos chapuzones en los lagos que encontraron a su paso. Evidentemente siempre tenían que esperar a que Olivia acabara…

Cuando se hallaron a pocos centenares de metros de la gran fortaleza, el cielo se tapó, el aire se electrizó y el ambiente se volvió extremadamente oscuro… Todo tenía un aspecto fantasmagórico, pero las niñas habían borrado del diccionario la “M” de “miedo”. El primer obstáculo que tenían que superar era entrar en el castillo. Anna dijo: “chicas apartaos”. Inclinó la cabeza, empezó a correr como si no hubiera mañana… y la puerta fue abajo.

Una vez dentro se encontraron con las guardianas de la entrada, niñas de 10 y 11 años altas como pinos. María las despistó con sus chistes mientras el resto del equipo pasaba reptando entre aquel inmenso bosque de piernas.

Tras subir por unas angostas escaleras llegaron al patio de armas. Dos trols gigantescos las estaban esperando. Ahí entro en escena la mirada asesina de Janet, que dejó petrificados a aquel par de monstruos.

Pero tras esa pequeña victoria apareció un grupo de 20 orcos. Todas quedaron petrificadas. De entre el grupo emergieron unos “a ver si me pilláis”. Mar y María del Mar, con los físicos más pequeños y endebles de todas, se burlaron de ellos. Y empezaron a correr como si llevaran un balón invisible de baloncesto, driblando y salvando a todos y cada uno de los orcos, provocando que se chocaran entre ellos por el ansia de atraparlas. Y de nuevo tuvieron vía libre; pero un estruendo las desconcertó. Allí estaba el Dragón azul, desde lo alto del torreón, custodiando una jaula repleta con miles de balones.

Entraron en la atalaya, para ver cómo podían acceder a los balones. Había una pequeña entrada, cerrada con llave. El problema es que la puerta estaba a unos 14 metros del suelo y la llave, colgada en la pared aún más arriba. No sabían qué hacer, hasta que Beth pidió una naranja de las que llevaban como provisiones para el viaje. Se dio cuenta que los muros interiores tenían una extraña decoración a base de grandes cuadrados. “¡¡¡Guau, son tableros!!!”. Apuntó a la esquina y, de un naranjazo rebotado, cayó la llave en sus manos.

Y unas encima de las otras fueron salvando la distancia, como un gran castillo humano hasta alcanzar el pomo e introducir la llave. Pero qué pena… les quedaba poco más de medio metro para llegar a abrir la puerta. Suerte que Olivia, con sus brazos infinitos alcanzó el pomo, impulsándose con uno salto, flotando en el aire… Solo una se enfrentaría al dragón, el resto hizo todo lo que pudo; ser el soporte para preparar el asalto final…

Olivia alcanzó la ventana más alta, para salir a dar caza al malévolo ladrón de esféricos. Y empezó a escalar la jaula para estar cara a cara con el dragón. En cuanto le miró amenazante, dispuesto a asarla, no cayó en la cuenta que el resto del equipo estaba preparado en el patio de armas. Alba armó su arco a la velocidad de la luz y, con un tiro certero le cosió las fauces al terrible ser. Aturdida, la bestia se retorcía de dolor e intentaba sacarse la flecha con sus garras. Olivia tuvo un presentimiento, debía alejarse del dragón y de la jaula cuanto antes… Acto seguido, Blanca cogió su honda, dispuesta a batir a aquel terrible Goliat. Espero el momento preciso, el instante perfecto. La piedra se perdió en la inmensidad de la oscuridad hasta impactar en su cuello, despeñándose acantilado abajo…

El castillo quedó liberado y los balones volvieron a circular libremente. El dragón azul abatido fue sustituido por la maga Gandalfthais, que desde ese día se encargó de enseñar los fundamentos del baloncesto a todas las niñas del reino, independientemente de su estatura.

La leyenda dice que a las diez niñas nunca más se las volvió a ver juntas. Se dispersaron; se fueron a jugar a otros reinos lejanos. Pero su espíritu osado, valeroso, audaz y honesto quedó, para siempre, impregnado en todos y cada uno de los balones de baloncesto.

Y colorín colorado, este cuento medieval se ha acabado…

Moraleja del cuento: “Con pasión, ilusión y ganas puedes enfrentarte a los más terribles dragones y equipos de gigantes… y encima pasártelo bien”.

photo credit: Ian D. Keating Egg Tart via photopin (license)

Comentarios

  1. Genial Ivan!,

    Moltes gràcies per aquest conte. És un perfecte resum be la lluita èpica en la que les Warriors han estat immerses al llarg de tota aquesta temporada.

    Ho recordarem amb orgull i emoció!. Però ara:

    …otra puerta se abre!

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