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Deportes y Comunicación | November 21, 2018

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¿Los querubines pueden llegar a ser diablos?

¿Los querubines pueden llegar a ser diablos?
ivanferrer

La gimnasia artística dio un salto cualitativo con Nadia Comaneci. El baloncesto moderno no se entendería sin el concurso de Michael Jordan. El fútbol adquirió una nueva dimensión tras la irrupción de Diego Armando Maradona. Martina Navratilova y Chris Evert elevaron, gracias a su competitividad, el tenis al olimpo de los deportes. Y si un nombre acuático se tuviera que esculpir en piedra para permanecer eternamente, ese sería el de Michael Phelps.  No ha habido piscina ni nadador que se le hayan resistido al tiburón de Baltimore. Es una leyenda de la natación y del olimpismo.

Vuelve al candelero a causa del agua, pero no precisamente la dulce… Lo han detenido por segunda vez, por conducir ebrio. En esta ocasión casi duplicaba la tasa permitida.  Tras su arrepentimiento, a través de las redes sociales, ya tenemos el eterno debate liado otra vez. Un debate que en cuanto se refiere a deportistas de élite se amplifica hasta el infinito…

Son iconos, los idolatramos por sus hazañas físicas y los tenemos en un pedestal. Pero un despiste, un error, les hace pasar del más tierno y dulce querubín al más despreciable desecho humano. Su dimensión mediática hace que sus fallos parezcan más grandes, más importantes, más tremendos, más imperdonables… Tal vez nos olvidamos que son fenómenos en una área de su vida, pero no dejan de ser personas como todos nosotros, como tú y como yo…

¿Pueden equivocarse los deportistas de élite? ¿Sus errores son más imperdonables que los nuestros?

photo credit: enhiro via photopin cc

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