Mientras siguen batiéndose el cobre en liga (aunque la balanza está claramente decantada hacia el lado azulgrana), los dos colosos del fútbol español van a ver las semifinales de Champions por la tele, cómodos y relajados desde el sofá de casa. En esta época de postureo desmedido y absurdo, en la que se valora poco lo cercano y local imponiéndose los fuegos artificiales de lo internacional y mediático, lo que realmente mola es la orejona. Dejando de lado el aspecto futbolístico, quiero dirigir la mirada en los cinco minutos previos al pitido inicial de ambos partidos, cuando salieron los jugadores al terreno de juego.
En el Atlético – Barcelona, en la alineación titular azulgrana había 9 jugadores españoles. En el Bayern – Real Madrid, los blancos formaron, por primera vez en la historia de la Champions, con un 11 formado por jugadores no seleccionables para el combinado nacional (Brahim tiene nacionalidad española pero decidió, en su momento, jugar con la casaca de Marruecos).
Seguramente, acuciado por los problemas económicos de fairplay financiero, los culers ha tenido que tirar, de forma irremediable, de su inagotable Masia. En cambio, los merengues, a golpe de talonario han buscado el talento fuera de nuestras fronteras, borrando a La Fábrica de sus planes estratégicos. El qué ha sido el mismo (eliminados en cuartos); pero ha sido diferente el cómo (fichando talento de fuera o confiando en los de la casa)… ¿Tú cómo preferirías morir en la orilla?
