El primer año de Anna como sénior ha sido extraño y muy atípico. Lo que iba a ser un aterrizaje suave, formando parte de un equip sub 20 o sub 25 (con la edad uno va perdiendo facultades a la hora de recordar detalles, a medida que el disco duro se va llenando…), acabó con su participación en el Sénior A. En un principio, de 24 jugadoras que iban a empezar la temporada en dos equipos diferentes, las bajas se fueron acumulando en verano… para acabar el club inscribiendo a un solo equipo.
Su entrenador, se. mostró desde el minuto uno inflexible, intentando que las jugadoras se amoldaran, sí o sí, a su sistema; sin tener en cuenta que pudiera haber alguna alternativa… Las derrotas se iban sucediendo, una tras otra, y el equipo llegó un punto en el que colapsó. Más que jugar, sufría durante 40 minutos para acabar recogiendo solo resentimiento y desencanto… A medida que avanzaba la temporada, el ambiente era cada vez más deprimente… Hasta que todo explotó: el entrenador abandonó el barco, algunas compañeras se desengancharon del proyecto y el equipo se quedó con el chasis (teniendo que ser completado con jugadoras del júnior).
Y, a partir de ahí, todo cambió como un calcetín. El equipo se soltó, empezó a reír y simplemente a jugar sin una losa enorme encima. El equipo empleó la defensa como cimiento sobre el que competir y luchar. La cumbre de este cambio se vio el pasado fin de semana, ganando a las campeonas del grupo. Aunque en el partido de ida las destrozaron con un contundente 70 a 27, en la vuelta, a base de ganas e intensidad, consiguió el Femení Cornellà doblegar al Prat B por una ajustadísimo 48-44 (infringiéndole la tercera derrota de la temporada).
¿Tienes que llegar hasta el final con tus planteamientos? ¿O puedes cambiar según las cartas que tengas?
Imagen de Alexander Fox | PlaNet Fox en Pixabay
