La felicidad máxima para cualquier aficionado al fútbol, no importa su procedencia. Tocar el cielo y que el tiempo quede congelado paqra siempre. Dos Champions League consecutivas, la cumbre de un sueño parisino hecho realidad. El PSG, tras tras 56 años de historia, se ha consolidado como rey continental, pensando ya en mitificarse a través de un triplete la próxima temporada. Han sido tres lustros de búsqueda incesante del Santo Grial, tras ser adquirido el club por parte de Qatar.
A golpe de talonario, el equipo francés ha reunido, año tras año, una pléyade incesante de estrellas que no conseguían amalgamarse en un conjunto eficiente. Y cuando parecía que su última gran estrella, Kylian Mbappé, abandonaba el barco y parecía que iniciaba una traumática travesía del desierto, Luis Enrique decidió darle la vuelta a la tortilla. Y puso al equipo por encima de todo… el resto ya está en los libros de historia del fútbol.
La alegría, la emoción, las risas, los abrazos, los besos y los cánticos deberían presidir las celebraciones. En cambio, París se ha especializado en convertirse en un estúpido agujero negro de violencia para las celebraciones sin control; una vorágine destructiva incontrolada. El balance es propio de grandes enfrentamientos urbanos. Y lo más triste de todo es que la historia se repite tras la primera Copa de Europa ganada el año pasado. La verdad que para acabar así, como amante del deporte, que la hubiera ganado el Arsenal…
¿Sabes disfrutar la victoria? ¿O tu rabia destruye la alegría?
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