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¿La solución está aquí?

Las casas, en ocasiones, empujadas por síndromes de Diógenes moderados o leves, se convierten en lugares en los que el polvo y el tiempo entierran tesoros escondidos, esperando un golpe de suerte para ser descubiertos. Antes del verano, buscando otra cosa, encontré una foto de hacía más de cuarenta años, en la que aparecían dos niños: mi primo y yo. Teníamos 7 años y estábamos en un patio, celebrando por segunda vez mi comunión (la primera, la oficial, fue un desastre para mí. Sin saberlo, tenía apendicitis (mi cara de ultratumba, en todas las fotos con los invitados lo certifica). Al día siguiente, mi madre me llevó al hospital y acabaron operándome de urgencias, por una peritonitis que casi se me lleva al otro barrio. Esa instantánea es una clara muestra de alegría. Dos niños, haciendo un corte de mangas con cuernos incluidos a cámara, con una sonrisa endiablada infinita, en una clara señal que estábamos disfrutando al máximo del momento. No tiene desperdicio mi uniforme de marinero (el mismo que llevé en la iglesia) repleto de negruras de tirarme por el suelo y jugar sin freno.

Sin freno juega también, desde que empezó la liga, el Barça. En su pleno de siete victorias, destaca su registro goleador colectivo: más de cuatro goles por partido. Y de entre ese ataque que desarbola, defensa tras defensa, destaca un tesoro oculto que descubrió Hansi Flick. Las marchas de Ferrán Torres y Robert Lewandowski, unidas al fallido fichaje de Julián Álvarez dejaban un solar difícil de cubrir en el centro de la delantera. Pero el técnico azulgrana se sacó de la chistera, a modo de truco final de función, a Raphinha como el nueve que nadie esperaba pero que todos querrían. De momento lleva 12 goles, a ver hasta dónde alcanza la magia…

¿Buscas soluciones fuera? ¿O suelen estar más cerca de lo que crees?

Imagen de Dorothe Wouters en Pixabay