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¿Nunca piensas en el final?

Somos una sociedad curiosa. Más allá de nuestros más variados inicios y múltiples desarrollos vitales, siempre existe una constante que nos iguala en el último suspiro. La vieja de la guadaña nos espera, sin prisa pero sin pausa, para darnos la mano y ayudarnos a cruzar al otro lado. Se apagan las luces y fin de nuestra historia. Es algo que nos va a pasar a todos y cada uno de nosotros, aunque sea un tabú del que no hablamos y que cuando se nos cruza por delante, le intentamos hacer un quiebro para ni tan siquiera nombrarla.

Somos una cultura que suele enorgullecerse de sus inicios y logros, pero que evita y nunca piensa en los finales. Sin llegar a límites tan dramáticos, los deportistas de élite de deportes mediáticos se enfrentan a un punto de inflexión crítico, cuando aún les queda media vida por delante.

Soy de la extraña opinión que en esta vida los adioses dicen muchísimo de ti. Cristiano Ronaldo, más allá de su enorme calidad futbolística pretérita -su nivel actual se establece en la franja de lo paupérrimo- tendría que saber despedirse. El luso se ha convertido desde hace meses en un grano en el culo para toda la selección y sus compañeros de club. Su egolatría superlativa le está impidiendo disfrutar del momento y lo ha convertido en lo que básicamente ha sido toda su vida deportiva: un egoísta extremo que, si hace falta, hunde al resto para sobresalir él. El día que se retire, estoy convencido que sus compañeros de selección organizarán una rúa estilo Río de Janeiro para celebrarlo.

Se ha demostrado, con este último episodio, lo que es CR7: un deportista excepcional a la vez que un tipo insoportable…

¿Sabes enfrentarte a tu final? ¿O lo evitas como un niño pequeño?

Imagen de Gábor Bejó en Pixabay