Este fin de semana ha sido muy intenso a nivel deportivo (dos partidos de Oriol de hockey en línea el sábado por la mañana, la jornada final del Seis Naciones de rugby por la tarde y las elecciones a la presidencia del FC Barcelona el domingo. Como no había suficientes acontecimientos, el ayuntamiento de Sant Joan Despí nos regaló cuatro entradas para ver al filial de Barça en el estadio Johan Cruyff.
Aunque el día no acompañaba (cayó un diluvio en los últimos minutos del partido; menos mal que el estadio tiene todas las graderías cubiertas), fuimos con los amigos del hockey -Lluís y Guillem- para ver a los cracks del futuro. Me divertí más con lo que vi fuera del campo (los tres pequeños situándose detrás de las porterías para pedir los guantes a los guardametas y ver si pescaban algún balón perdido, tras un saque de falta, para llevárselo a casa, aunque no se lo hubiera permitido, ja,ja,ja).
Observar a un hijo de Patrick Kluivert (a nivel de calidad, nada del otro jueves, en los diez. minutos que estuvo jugando) me hizo bastante gracia, teniendo en cuenta que vi a su padre en muchas ocasiones, en directo y por la tele. Tras un partido soporífero, sin casi ocasiones (solo se activó en el tramo final, cuando el Barça Atlètic se abalanzó sobre el marco de Andreev para buscar el empate), quedé desolado por lo que consideré una falta alarmante de calidad azulgrana sobre el terreno de juego.
Pero entonces algo me hizo «clic» en el cerebro y entendí que no era tan descabellado, ya que en la actual plantilla del primer equipo del Barcelona hay hasta 10 jugadores que, por edad, podrían estar perfectamente jugando en el equipo de promesas: Balde (22), Cubarsí (19), Casadó (22), Martín (24), Gavi (21), Pedri (23), Bernal (18), Lamine Yamal (18), Fermín (22) y Bardghji (20). Viendo este panorama, le di la vuelta a la tortilla y pensé que, con estos jugadores, el Barça Atlètic se saldría de la tabla en 2ª RFEF…
¿Puedes mantener la calidad en todos los niveles? ¿O es imposible?
Imagen de Pete Linforth en Pixabay
