El horario inhabitual, a media tarde, me permitió ver el partido solo. Durante la primera parte, el Barça parecía inmerso en una batalla vikinga sin cuartel, en el que solo se preocupaba de atacar desesperadamente, mientras quedaba 100% desprotegido en la retaguardia. Era talmente un Ragnarok de Champions League. En solo 30 minutos había marcado ya dos goles el Barcelona, pero encajó otro doblete en jugadas en las que la defensa parecía de mantequilla. En su versión capullo, daba la sensación que el equipo local tendría que marcar innumerables tantos para contrarrestar el saco que se iba a llevar a casa.
Pero llegó el fogonazo del penalty en el descuento, seguido de la pausa del medio tiempo, para darle la vuelta al calcetín, radicalmente. Con un vendaval ofensivo, que se concentró en 21 minutos, los azulgrana desarbolaron al conjunto inglés (que llegó un momento en el que ya no sabía ni de dónde le venían los golpes…). El Barça pasó de Cenicienta a princesa en una abrir y cerrar de ojos, mostrando su candidatura a llevarse la orejuda en Budapest.
¿Cómo puede un capullo inerte e indefenso convertirse en una bestia alada? Solo las mariposas lo saben…
¿Puedes ofrecer tu mejor versión y la más pésima, casi simultáneamente?
Imagen de Kiwii McGhee en Pixabay
