Si escucho la palabra «trabalaneguas», casi de forma inmediata me suena en el cerebro: “Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal”. Mirando Twitter (aún estoy en la era del pajarito) esta mañana, casi por arte de magia, se han materializado en mi mente esos ilustres animales, personificados en las figuras de un trío de futbolistas. En esta breve historia, el contexto lo es todo.
Payaso. Si marcas, en campo contrario, un penalty en el descuento -y transformando ese gol consigues un título o pasas de eliminatoria en las últimas rondas de una competición importante-, entiendo la creatividad, la efusividad y las ganas de interactuar con el público. Pero resulta que se trata de un amistoso y que consigues con ello un simple empate. Payaso.
Idiota. Llevas tres lesiones en lo que va de temporada. Sigues un tratamiento por fatiga y te convocan a un partido intrascendente en Brasilia (aquí, al lado de Barcelona). Juegas como si no hubiera un mañana y te rompes, de nuevo, antes de acabar la media parte. Idiota.
Carnicero. Llevas guadañas por pies y, después de más de un lustro en el Barça, aún no dominas las medidas para marcar correctamente la línea adelantada del fuera de juego ni las distancias para llegar al balón. Y en un partido de costillada, en el que no te juegas absolutamente nada, le pegas una entrada criminal a un contrario para dejarlo tieso y en el sitio. Carnicero.
Aparte de ver a tigres payasos, idiotas y carniceros, aún no acabo para entender para qué sirven los amistosos de las ventanas de selecciones. ¡Ah sí! Para que te los devuelvan lesionados a los clubes…
¿Disfrutas con los amistosos de selecciones? ¿O crees que no sirven absolutamente para nada?
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