En las entrevistas siempre hay preguntas recurrentes, muletillas que sirven para que, en el momento en el que se encamina peligrosamente el diálogo hacia al abismo del silencio, haya una rama a la que agarrarse de forma contundente y segura. Y ahí entra en juego la pregunta “¿Cuál es tu secreto para…?”. Lo que me sorprende más es que casi una mitad de los encuestados dice que no tiene secreto y casi la otra divaga para no decírtelo. En esta última categoría estuvo un runner que se había unido a la corriente de correr descalzo. Cuando llegó la cuestión de cuál era el secreto para empezar a correr descalzo, yo esperaba algo concreto, con sensaciones personales que había tenido y algún truco que a él le sirvió. Contestó con un escueto “poco a poco y progresivamente”.
Yo esta semana os quiero hablar de tres “secretos” que tengo para encarar con garantías una carrera de fondo, ya sea de montaña o de asfalto. A mí me funcionan, espero que te puedan servir de algo a ti también… Uno es psicológico, el segundo es logístico y el último es de método.
En las pruebas de fondo el físico es importantísimo, aunque la mente te ayudará -de forma determinante- a proyectarte hacia adelante ante dificultades e imprevistos. Y la mente se entrena en cada entrenamiento, en todas y cada una de las jornadas de preparación.
El domingo tenía entrenamiento de 20 km. Con el calor que hace ahora puse la alarma a las 6 para volver a casa y desayunar todos juntos. El sábado estuvimos los 4 en la Isla Fantasia. Acabamos literalmente fundidos de tanto tobogán (subir andando, bajar como los Goonies y vuelta a empezar otra vez; desde las 10 a las 18 el día se hace muuuuuuuuuy largo). Me dolía toda la espalda -nada costumbrada a tanto bote- y la combinación de agua y sol me dejó muy cansado. Oriol fue el primero en caer, a las 7 de la tarde, nada más subir al coche para volver a casa. Yo estaba en estado semicomatoso en el sofá, a las 10 de la noche, pensando que en poco tiempo iba a tocar diana…
Horas más tarde, Oriol apareció por la cama, se puso a mi lado y me pidió que le pusiera mi brazo debajo del cuello para hacerle las veces de almohada. Me fundí con él, dispuesto a provechar al máximo la hora que me quedaba hasta que sonara la alarma. Me desperté a las 5:50 y me dispuse a apagar el despertador para no romper el sueño al resto… Me incorporé y noté la mano de Oriol cómo cogía la mía, suave y firme a la vez. Le pregunté: “¿A dónde vas Oriol?”. Y me contestó: “A dónde tu vayas, papi”. Vaya momentazo más emotivo con mi niño en medio de la oscuridad… Le dije que volviera a la cama, que me iba a correr y que aún era muy pronto.
Fue realmente duro salir a entrenar. Era muy sabroso el caramelito de poderme quedar durmiendo abrazado a mi hijo, tras una jornada previa que me había dejado físicamente hecho polvo. Pero a las 6:15 ya estaba en la puerta de la calle camino de Collserola…
¿Tienes fuerza de voluntad a prueba de bombas? ¿O cualquier excusa es buena para quedarte en la cama?
