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Cosas que explicar, ahora que ya han pasado (6 de 10)

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La final fue eterna; 48 minutos que se me hicieron largos como dos días enteros al sol, sin sombra alguna en la que cobijarse. Éramos todos muy conscientes que el partido iba a ser muy ajustado y que cada canasta iba a costar lo suyo. Y así fue. En la tercera parte abrimos una pequeña brecha de 4 tantos que se fue, punto a punto, ampliando hasta los ocho en la quinta. Los dos períodos siguientes acabaron en tablas, así que entramos, a falta de solo 6 minutos, con un 46-54 favorable.

Yo creía que era cuestión de aguantar el tipo y mantener el cuarto equilibrado para no sufrir. Pero el Sant Adrià apretó de lo lindo y metió un parcial de 9-0 que las adelantaba por primera vez en todo el partido. Quedaban solo unos tres minutos y empezaba una nueva realidad. Y en el momento más crítico y con mayor presión de toda la temporada surgió el corazón azul del equipo.

Un corazón entrenado en infinidad de horas de entrenamiento, repleto de energía y preparado para sobreponerse a los impedimentos que surjan. 4 puntos nos dieron un pequeño margen de garantía. Solo faltaba cerrar el partido; y emergió la figura de Mireia, nuestra directora de orquesta; la que sabe mover el esférico a ritmo de vals. Cogió el balón a falta de 8 segundos, tras un tiempo muerto pedido por Esther, para eludir la presión del rival. El balón circuló, durmiendo el partido hasta que todo acabó: 55-58 y éxtasis colectivo…

¿Vives el deporte intensamente? ¿O lo contemplas con la calma del que va al teatro?

photo credit: One Way Stock Letterpress Energy via photopin (license)

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