En 16 días empieza la Euroliga, que dirimirá al sucesor de Fenerbahçe como actual campeón. Y será la enésima demostración del ridículo que están protagonizando las grandes instituciones deportivas. Mientras se mantienen apartados los equipos rusos de dicha competición, lo curioso es que, en paralelo a la locura genocida de Israel en Gaza, Maccabi y Hapoel disputarán la competición. Aunque se multiplican las tensiones políticas y diplomáticas en eventos como el Open de Ajedrez Sestao, la última etapa de La Vuelta o incluso el boicot de varios países más allá de la esfera deportiva (en certámenes como Eurovision), existe un perverso y extraño consenso en mantener a los equipos israelitas en competición.
Lo triste y más sangrante del tema es que tanto Putin como Netanyahu están perpetrando operaciones militares fuera de sus fronteras e invadiendo territorios de otros países. Dos acciones paralelas y similares cuyo castigo internacional deportivo está siendo diametralmente opuesto. Es como si dos tipos que están en una cola para entrar en una discoteca, vestidos con el mismo estilo y comportándose de forma igual, y el primero es invitado a no cruzar la puerta y el segundo tiene vía libre. Llegados a este punto, la simple pregunta de un niño de cinco años, extrañado, de ¿por qué yo sí y él no?, hace que se le caigan los calzoncillos a la humanidad hasta los tobillos, mostrando de forma evidente toda su infinita vergüenza…
¿Optas por bloqueos selectivos? ¿O la ley es igual para todos?
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